Mauricio Clark, el ninio verdón y cien años de impunidad


Ramiro Padilla Atondo

En una sociedad altamente mediatizada, el que un reportero de espectáculos sea trending topic es una muestra de lo que somos. Y vamos que no soy homofóbico. Soy de la idea de que todos tendríamos que ser iguales ante la ley independientemente de nuestra orientación. Pero que la salida del closet de un reportero x de espectáculos y su batalla con las adicciones sean nota de los principales periódicos es el colmo de los colmos.
En la otra orilla se encuentra el niño verde, famoso por sus espectáculos pantagruélicos y el halo de impunidad que lo rodea. En un país sin nobleza los snobs como él  llevan la batuta. O quien no recuerda lo de hace algunos días. La hija del gobernador Granier llamada a cuentas por una pequeña cuentita de banco de tres mil millones de pesos. No soy experto en economía, pero lo que sí sé es que Tabasco no es uno de los estados con la economía más fuerte.
O la hija de Romero Deschamps volando el jet privado con sus tres perros. Y sin embargo, la orientación sexual de un reportero eso si llena espacios informativos. ¡Qué jodidos  estamos! Y encima si protestamos porque nos indignan este tipo de situaciones se nos acusa de revoltosos, pejezombies como si ese sólo adjetivo nos descalificara para cualquier discusión.
Nuestra realidad indica que no podemos llamar a cuentas a los políticos porque ellos han diseñado un sistema que los protege. Faltaba más. Para robar no hace falta más que licencia y un buen secretario de administración (Peña Nieto lo fue de Montiel y miren que este no vive en la pobreza).


El colmo de los colmos es que sigamos con indiferencia este tipo de demostraciones groseras de riqueza e impunidad. Debemos buscar la manera de que la indignación o burla  por la orientación sexual de un tipo se transforme en indignación y protesta en general por el actuar de los políticos y sus hijos.
Como dice un tweet de Carmen Aristegui publicado en las redes sociales, ver la Rosa de Guadalupe es una muestra fehaciente de la falta de educación. Y es este público masivo el que condena a los que quieren un país mejor, los que se la pasan hablando de la importancia de los reporteros de espectáculos y los que ven con indiferencia cuando los políticos actúan con impunidad.
El niño verde está allí porque el sistema lo permite. Nadie en su sano juicio lo elegiría. Pero como su partido es la mujer fácil que se acuesta con cualquiera, allí está el nene defendido por guaruras que nos cuestan a nosotros. Y la neta, los reporteros de espectáculos no son tan importantes. Empezaremos a avanzar como sociedad el día que los pongamos en su justo lugar. A ellos y a este tipo de políticos.