Falcotitlan: DÍA UNIVERSAL DEL NIÑO

Hugo Falcón Páez

La niñez aprende de nosotros, enseñemos el bien para futuras generaciones.



Mañana es Día Universal del Niño. Una fecha en la cual la Asamblea general de la ONU, aprobó la Declaración de los Derechos del Niño en 1959. Ésta no tenía legalmente carácter vinculante, no era suficiente para proteger los derechos de la infancia. Como cada día, y este 20 de noviembre, debemos promover el bienestar de la infancia, establecido en esas leyes internacionales que como la Declaración Universal señala que, el niño gozará de una protección especial y dispondrá de oportunidades y servicios, dispensado todo ello por la ley y por otros medios, para que pueda desarrollarse física, mental, moral, espiritual y socialmente en forma saludable y normal, así como en condiciones de libertad y dignidad. Al promulgar leyes con esta finalidad, la consideración fundamental será el interés superior de la niña o niño. La Convención sobre los Derechos del Niño establece una serie de derechos para ellos, incluidos los relativos a la vida, a la salud, a la educación y a jugar, así como el derecho a la vida familiar, a estar protegidos de la violencia, a no ser discriminados y a que se escuchen sus opiniones.


Hoy con los Objetivos del Desarrollo Sostenible, a través de las 17 alianzas y la Agenda 2030, se gestan en diversos puntos del mundo proyectos e iniciativas para poner fin a la pobreza, obtener hambre cero, salud y bienestar, educación de calidad, igualdad de género, agua limpia y saneamiento, energía asequible y no contaminante, trabajo decente y crecimiento económico, industria, innovación e infraestructura, reducción de las desigualdades, ciudades y comunidades sostenibles, producción y consumo responsables, acción por el clima, vida submarina, vida de ecosistemas terrestres, paz, justicia, e instituciones sólidas y por último, alianzas para lograr los objetivos. Hay que abrazar a ese niño interno, y echar a volar la imaginación, para crear un planeta fuerte, personas fuertes, pero sobre todo, una generación fuerte que pueda ir más allá.


Cada quien puede fomentar los derechos, los cuidados, la atención, la educación, el desarrollo, la creatividad, así como la justicia y la equidad de género en la niñez. Desde el hogar hasta un corporativo, desde el emprendedor social hasta el gobierno y el tercer sector. El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) como principal organismo humanitario, ha fincado la promoción y defensa de los niños y niñas en el mundo. Incluyendo se encuentren en los desastres naturales, guerras o conflictos de toda índole. Este año cumplirá setenta años diseñando, elaborando y ejecutando programas con ese objetivo: Trabajar con y para los seres humanos que se encuentran en fases de desarrollo, comprendidas entre el nacimiento y la adolescencia o pubertad. La Unicef se fundó el 11 de diciembre de 1946, en Nueva York. Y a través del tiempo ha buscado aliados, compañeros, líderes, pensadores, amigos, políticos, que puedan incluirse en la sinergia de los más desfavorecidos. Este año, se presentó un estudio de la Unicef y el Consejo Nacional de Evaluación de la Política (Coneval), que revela la escalada que afecta a la niñez en nuestro país.


Madres y padres, profesores, enfermeros y doctores, líderes gubernamentales y de la sociedad civil, profesionales de los medios de comunicación, religiosos, empresas y medios de comunicación puede hacer mucho por promover juntos el bienestar de la infancia. Nosotros a través de la conciencia, sabemos que los niños son el colectivo más sensible y por lo tanto sufre cualquier crisis de una manera profunda. Ellos que tienen derecho a la salud, educación y protección, no importando dónde, cómo, por qué y cuándo haya nacido. Es así que la Unicef como principal eje internacional que se encarga de esta labor, consigue cambios radicales en millones de pequeños. A través de casi setenta años y basándose en la Convención sobre los Derechos del Niño. Los adultos tenemos la infancia en nuestras manos, por eso digo, hay que colaborar para reconocer no sólo un día, sino siempre al espíritu que fuimos, niños.

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