Por qué la gente común hace el trabajo sucio de los dictadores


- Nueva investigación destaca que los líderes autoritarios se apoyan en empleados "mediocres" pero leales. Estos individuos realizan el trabajo sucio y refuerzan el control porque sus carreras dependen del régimen, permitiendo a los aspirantes a dictadores consolidar el poder mientras socavan las instituciones democráticas desde dentro. -


A medida que crece la controversia en torno al ICE en Estados Unidos, un nuevo libro argumenta que la represión a menudo tiene menos que ver con la ideología que con la supervivencia profesional.

A medida que el despliegue del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en todo Estados Unidos se enfrenta a un escrutinio por sus prácticas brutales, las preguntas sobre cómo las democracias se deslizan hacia la represión se vuelven cada vez más urgentes.

En su nuevo libro "Forjando una carrera en la dictadura", Christian Gläßel, investigador postdoctoral del Centro de Seguridad Internacional de la Hertie School, explora una idea inquietante: los regímenes autoritarios no están formados principalmente por fanáticos, sino por funcionarios comunes cuyas carreras se han estancado.

Dr. Christian Gläßel | Escuela Hertie https://share.google/hfCZVfvcj3wwNtyK6

Centro para la Seguridad Internacional https://share.google/VgZEfK2euXaoWm83Q

Hablamos con Gläßel sobre las presiones profesionales, los golpes de estado y lo que las democracias contemporáneas deberían hacer para evitar que la meritocracia se convierta en un arma de represión.

Su libro sostiene que la presión profesional, incluso más que la ideología o el fanatismo, impulsa la represión y los golpes de Estado. ¿Qué le hizo darse cuenta de que motivaciones tan «banales» podrían explicar algunos de los actos de violencia política más extremos?

Christian Gläßel: Mi coautor, Adam Scharpf (Universidad de Copenhague), y yo llevábamos tiempo desconcertados por el hecho de que los historiadores y comentaristas de diversos regímenes autoritarios a menudo describieran a los agentes de alto rango de la policía secreta como "mediocres", "poco cualificados" o "sin educación". 

Nos preguntábamos: ¿por qué un dictador confiaría una organización de la que depende fundamentalmente a personas con bajo rendimiento? Nos pusimos en el lugar de los oficiales y nos preguntamos en qué circunstancias algunas personas estarían dispuestas a realizar el trabajo sucio del dictador, partiendo de la hipótesis de que las ambiciones frustradas y la presión profesional eran los factores clave.

Tras analizar datos de más de 4,000 oficiales del ejército argentino, el patrón era inconfundible: cuanto peor era el desempeño de un oficial en la academia militar, antes se enfrentaba a la jubilación obligatoria y mayor era la probabilidad de que se uniera a la policía secreta con la esperanza de demostrar su lealtad y valía. No se trataba de fanáticos ideológicos ni psicópatas, sino de individuos con carreras profesionales sin futuro que veían en el servicio represivo su vía de redención profesional.

Esto se relaciona directamente con la visión de Hannah Arendt sobre la «banalidad del mal» y la obra de Christopher Browning sobre los «hombres comunes», pero nosotros vamos más allá. Arendt nombró el fenómeno y Browning lo documentó, pero nosotros identificamos el mecanismo que lo produce. La presión profesional crea fuertes incentivos para que las personas se ofrezcan como voluntarias para el trabajo sucio del régimen, con la esperanza de que esto rescate sus carreras estancadas. 

Pero aquí está el giro: la misma presión profesional que lleva a algunos oficiales a hacer el trabajo sucio del régimen impulsa a otros a unirse a golpes de Estado en su contra. Ambas son apuestas arriesgadas de personas acorraladas: una apuesta por el régimen actual, la otra por su sucesor. Ambas estrategias pueden funcionar, por eso el patrón se repite.

Usted se basa en casos que van desde la Alemania nazi y la Unión Soviética de Stalin hasta Argentina y Gambia. ¿Por qué fue importante fundamentar su teoría en ejemplos históricos y qué tienen en común estos casos tan diferentes?

Las autocracias son inherentemente opacas. Los dictadores y sus secuaces no desean ser estudiados. Este tipo de análisis suele ser posible solo después del colapso del régimen, cuando aún se conservan pruebas a nivel individual.

Elegimos deliberadamente casos que difieren en casi todos los aspectos, incluyendo la ideología, la geografía, el período de tiempo y el sistema de promoción, precisamente porque queríamos demostrar que la presión profesional funciona como un mecanismo universal, independiente del contexto.

Argentina proporcionó la evidencia más detallada, ya que pudimos acceder a los registros personales de todo el cuerpo de oficiales durante un siglo. Esto nos permitió rastrear las trayectorias profesionales individuales y demostrar sistemáticamente que la presión por ascender en la carrera motivó a los oficiales a unirse a unidades represivas durante la última dictadura militar y a participar en los dos golpes de Estado que derrocaron al presidente Perón en 1955.

La Alemania nazi y la Unión Soviética nos permitieron identificar seis fuentes distintas de presión profesional que los regímenes pueden explotar: mala conducta, antecedentes inadecuados, falta de redes de contactos, retrasos organizativos, reducción institucional e incompetencia. La cúpula nazi explotó las seis para conformar los Einsatzgruppen, los escuadrones de la muerte paramilitares del régimen. De manera similar, el NKVD de Stalin reclutó durante el Gran Terror a oficiales que estaban perdiendo la competencia por los ascensos.

Gambia ofreció una perspectiva diferente: muestra cómo la presión por ascender en el escalafón profesional impulsa no solo la represión, sino también los golpes de Estado. Cuando un pequeño grupo de oficiales jóvenes gambianos vieron truncadas sus carreras, tomaron el poder en un golpe de Estado en 1994, abolieron el antiguo sistema de ascensos y gobernaron con mano de hierro durante dos décadas.

Lo que une estos casos es la lógica estructural: las organizaciones jerárquicas inevitablemente generan ganadores y perdedores. Los perdedores se enfrentan a una disyuntiva: aceptar el fin de su carrera o tomar medidas extremas para salvar su futuro. 

Usted ha aplicado su marco teórico a instituciones como ICE. ¿Qué señales de alerta deberían vigilar las democracias cuando convergen las presiones profesionales, los incentivos de lealtad y la supervisión debilitada?

En nuestro artículo de opinión para DIE ZEIT, Adam y yo nos basamos en las conclusiones del libro para explicar las agresivas operaciones del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE). Identificamos tres dinámicas convergentes que deberían preocupar a cualquiera que observe la democracia estadounidense.

Rekrutierung bei ICE: Repression als Karrierechance | DIE ZEIT https://share.google/Ptg0zUaVQ4aHiteQs

La creciente presión profesional. Las purgas impulsadas por DOGE y los recortes presupuestarios en las agencias federales han creado un clima de miedo. ICE está reclutando activamente entre un grupo de agentes que se enfrentan a la incertidumbre. 

Supervisión debilitada. El cese de 17 inspectores generales elimina controles internos clave sobre la mala conducta, lo que reduce la percepción de riesgos de comportamiento abusivo. 

Señales de impunidad para los leales. Los indultos masivos, incluso para quienes participaron en la insurrección del 6 de enero, envían un mensaje claro de que los leales serán protegidos. 

Estas dinámicas se ven reforzadas por las prácticas de reclutamiento del ICE: estándares más bajos, capacitación más corta, bonificaciones por firma generosas y aceptación de candidatos con antecedentes penales. La principal conclusión de nuestra investigación es que la represión no requiere extremistas; solo requiere individuos cuyas alternativas se han reducido y cuyas carreras dependen de complacer a quienes ostentan el poder.

El libro afirma que las burocracias meritocráticas y profesionales no necesariamente protegen la democracia. ¿Qué nos revela su investigación sobre los riesgos ocultos dentro de las instituciones que parecen estar bien gestionadas?

Este es quizás nuestro hallazgo más contraintuitivo, y desafía una suposición generalizada tanto en la ciencia política como en el discurso político.

La opinión generalizada sostiene que las instituciones profesionales basadas en el mérito actúan como barreras contra el autoritarismo. Si los ascensos dependen de la competencia en lugar de la lealtad, se argumenta, se obtendrá una burocracia comprometida con las normas y los procedimientos, en lugar de con un líder en particular.

Nuestros hallazgos revelan una historia diferente. El ejército argentino mantuvo un sistema de ascensos notablemente meritocrático durante más de un siglo, tanto en democracias como en dictaduras personalistas y juntas militares. Asesores militares prusianos establecieron este sistema a principios del siglo XX, y este persistió independientemente de quién ostentara el poder. Sin embargo, esta misma institución meritocrática generó tanto una represión brutal como repetidos golpes de Estado.

La razón es estructural: la meritocracia, por definición, crea perdedores. Cualquier jerarquía piramidal con ascensos competitivos generará un grupo de oficiales rezagados, que ven a sus compañeros progresar mientras ellos se estancan. Estos individuos, sometidos a la presión de la carrera profesional, se convierten en un recurso humano crucial para los regímenes que buscan transformar una organización de seguridad profesional en una máquina represiva, sin provocar una resistencia o reacción masiva. Los menos competentes realizan el trabajo sucio, mientras que los de mejor desempeño pueden conservar sus puestos habituales, sin verse involucrados directamente. Esta división del trabajo permite que la represión continúe sin alienar al núcleo institucional.

La implicación política es preocupante: la profesionalización por sí sola no protegerá la democracia. Debemos reflexionar detenidamente sobre qué sucede con quienes pierden en sistemas competitivos y qué alternativas les ofrecemos.

Si la presión por la carrera profesional puede convertir a funcionarios comunes en ejecutores del autoritarismo, ¿cómo pueden los responsables políticos, la sociedad civil y los líderes democráticos utilizar sus hallazgos para prevenir el abuso de poder y fortalecer la resiliencia democrática?

Nuestra investigación apunta a varias estrategias de intervención. Aquí me centraré en tres: 

1. Supervisar de cerca a las fuerzas de seguridad, especialmente sus patrones de reclutamiento. La disminución de los estándares, la rápida expansión y el reclutamiento de trabajadores vulnerables son señales de alerta que justifican la investigación por parte de periodistas, la sociedad civil y los organismos de supervisión.

2. Crear trayectorias profesionales alternativas. Si la presión profesional alimenta la represión, ofrecer alternativas, como la capacitación, los traslados laterales y el empleo civil, puede reducir los incentivos para tolerar los abusos.

3. Diseñar sanciones más efectivas. Más allá de los altos mandos, las sanciones dirigidas a los oficiales de nivel medio pueden modificar el análisis de costo-beneficio individual.

En definitiva, el objetivo es romper el vínculo entre la desesperación profesional y la represión.

ENLACE ORIGINAL:
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