Las grandes transformaciones sociales casi nunca comienzan en los hospitales. Comienzan en las aulas.
México enfrenta uno de los mayores desafíos en materia de salud pública: fortalecer la cultura de la donación de órganos y tejidos. Durante años, los esfuerzos se han concentrado en campañas de sensibilización y en el fortalecimiento del sistema de trasplantes.
Sin embargo, vale la pena preguntarnos si el siguiente gran paso no está en otro lugar: las universidades.
Esta reflexión cobra especial relevancia tras la reunión celebrada el pasado 7 de julio entre el Centro Nacional de Trasplantes (CENATRA), el Centro Estatal de Trasplantes del Estado de Guerrero (CEETRA Guerrero) y la Universidad Autónoma de Guerrero (UAGro). El encuentro sentó las bases para fortalecer la colaboración institucional mediante futuros convenios y consolidar a Guerrero, desde su universidad pública, como un referente en la promoción de la educación para la cultura de la donación de órganos y tejidos con fines de trasplante.
Desde la Universidad Autónoma de Guerrero (UAGro), en coordinación con el Centro Nacional de Trasplantes (CENATRA), empieza a tomar forma una propuesta que puede marcar un antes y un después. La Microcredencial "Líder Promotor Universitario en Cultura de Donación de Órganos y Tejidos con fines de Trasplante" no sólo busca capacitar estudiantes; pretende formar ciudadanos capaces de multiplicar una cultura basada en la información, la solidaridad y la corresponsabilidad.
La idea es sencilla, pero poderosa: si las instituciones de educación superior forman a los futuros médicos, abogados, ingenieros, comunicadores, maestros y servidores públicos del país, también pueden formar a quienes promuevan una nueva visión sobre la donación de órganos.
Imaginemos por un momento una red nacional de universidades comprometidas con este propósito. Miles de jóvenes llevando este mensaje a sus familias, comunidades y centros de trabajo. El impacto sería mucho mayor que el de cualquier campaña aislada.
La donación de órganos no depende únicamente de la infraestructura hospitalaria. También depende de la confianza, del conocimiento y de la disposición de la sociedad para tomar una decisión informada. Y esas tres condiciones pueden fortalecerse desde la educación.
Por ello, la iniciativa que hoy impulsa la UAGro junto con el CENATRA trasciende el ámbito universitario. Representa la posibilidad de construir un nuevo modelo de participación social en el que las universidades dejen de ser sólo espacios para generar conocimiento y se conviertan también en motores de una cultura que salve vidas.
Quizá la pregunta ya no sea si las universidades pueden cambiar el futuro de la donación y el trasplante en México. La verdadera pregunta es, si estamos dispuestos a aprovechar el enorme potencial que tienen para hacerlo realidad.
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