Por Hugo Falcón Páez
Vamos a remitirnos a la famosa frase: “Rectificar es de sabios”. La cual forma parte de un verso más amplio atribuido al poeta inglés Alexander Pope (1688-1744), quien escribió originalmente: “Errar es humano, perdonar es divino, rectificar es de sabios”.
EL ADIÓS DE LA MINISTRA
Esa cita, más que un adorno retórico, funciona como llave de lectura para entender el anuncio que sacudió al oficialismo mexicano: Olga Sánchez Cordero, primera mujer en encabezar la Secretaría de Gobernación en la historia del país y ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación durante dos décadas, confirmó que se retira de la vida pública.
Su paso por el máximo tribunal quedó marcado por el respaldo a resoluciones que cambiaron el rostro jurídico y social de México, entre ellas el matrimonio igualitario y la despenalización del aborto. Ya en la trinchera política, dentro del proyecto de la Cuarta Transformación, Sánchez Cordero sostuvo en entrevista con El País que le “gustaría que Morena fuera más pulcro” y lamentó que el partido aprobara reformas de madrugada y sin la lectura debida, una crítica que resume su balance final: “La 4T perdió el ritmo y el modo.”
El anuncio invita a un ejercicio poco frecuente en la política mexicana: reconocer, desde dentro del propio movimiento, que el rumbo se ha desviado de los principios que le dieron origen. En ese sentido, y sin desestimar las trayectorias de otras figuras del oficialismo, la salida de Sánchez Cordero se perfila como uno de los gestos de mayor peso simbólico entre las mujeres que han ocupado espacios de máxima responsabilidad en el México del siglo XXI, por encima incluso de nombres como los de Claudia Sheinbaum Pardo, Ariadna Montiel Reyes o Clara Brugada Molina, cuyos proyectos políticos continúan activos dentro de la propia 4T.
No sería extraño, dado el historial de la política mexicana, verla reaparecer más adelante en algún otro instituto político participando en la siguiente etapa de recomposición de la izquierda nacional. Al tiempo.
EL ANTECEDENTE: PORFIRIO MUÑOZ LEDO
El gesto de Sánchez Cordero encuentra un espejo elocuente en la trayectoria de Porfirio Muñoz Ledo, uno de los políticos, diplomáticos e intelectuales más influyentes de la historia moderna de México y artífice clave de la transición democrática del país. Nacido el 23 de julio de 1933 y fallecido a los 89 años el 9 de julio de 2023 en la Ciudad de México, Muñoz Ledo construyó una carrera que también estuvo definida por la rectificación pública de rumbo.
Licenciado en Derecho por la UNAM en 1955 y doctorado en Derecho Constitucional y Ciencia Política por la Universidad de París en 1958, impartió cátedra en instituciones como la propia UNAM, El Colegio de México, Oxford y la Universidad de Toulouse. Su carrera pública inició dentro del PRI, donde ocupó carteras de primer nivel: Secretario del Trabajo y Previsión Social (1972-1975) con Luis Echeverría, presidente del Comité Ejecutivo Nacional del PRI (1975-1976), Secretario de Educación Pública (1976-1977) con José López Portillo, y embajador de México ante la ONU (1979-1985), periodo en el que llegó a presidir el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
En 1987, frente al giro neoliberal del gobierno de Miguel de la Madrid, rompió con el PRI y, junto con Cuauhtémoc Cárdenas e Ifigenia Martínez, fundó la Corriente Democrática, embrión del Frente Democrático Nacional que disputó las históricas elecciones de 1988. Aquel año protagonizó un hecho sin precedentes al interpelar directamente al presidente De la Madrid durante su último informe de gobierno, rompiendo el protocolo de sumisión legislativa vigente hasta entonces.
Cofundador del PRD en 1989 y presidente nacional del partido de 1993 a 1996, Muñoz Ledo presidió también la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados en 1997, cuando el PRI perdió por primera vez la mayoría absoluta, y respondió de manera histórica al informe presidencial de Ernesto Zedillo. Buscó la presidencia en el año 2000 por el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana, pero declinó en favor de Vicente Fox para consolidar la alternancia, sirviendo después como embajador ante la Unión Europea.
Su última etapa lo llevó al proyecto de Andrés Manuel López Obrador: diputado federal por Morena en 2018, presidió de nuevo la Cámara de Diputados y fue quien colocó la banda presidencial a López Obrador el 1 de diciembre de 2018. Sin embargo, mantuvo su esencia independiente e institucional y, al concluir su gestión legislativa en 2021, se transformó en una de las voces críticas más severas dentro del propio oficialismo, denunciando la concentración de poder y la centralización del Ejecutivo, y defendiendo la autonomía de los órganos democráticos del país.
DOS OCASOS, UN MISMO PATRÓN
Entre Olga Sánchez Cordero y Porfirio Muñoz Ledo median generaciones, formaciones y estilos distintos, pero convergen en un mismo patrón que la política mexicana ha repetido en sus últimas décadas: figuras que alcanzaron la cúspide institucional dentro de un proyecto —el viejo régimen priista en el caso de Muñoz Ledo, la Cuarta Transformación en el de Sánchez Cordero— y que, llegado el momento, optaron por marcar distancia pública cuando percibieron que el movimiento se apartaba de sus principios fundacionales.
Muñoz Ledo lo hizo primero rompiendo con el PRI en 1987 y, décadas después, ya dentro de Morena, denunciando la concentración de poder desde la tribuna legislativa. Sánchez Cordero, con otro lenguaje y otro momento histórico, cierra su carrera reclamando pulcritud legislativa y “el ritmo y el modo” perdidos de la 4T. En ambos casos, la rectificación pública —esa que Alexander Pope atribuía a la sabiduría— se convirtió en el epílogo de trayectorias que ayudaron a construir el poder que después decidieron cuestionar.
LA ANTESALA:
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Fuentes consultadas:
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