Santiago Cané, abogado del Programa de Territorios de AIDA
México. El uso del fracking se hizo posible hace una década, después de la reforma energética promulgada en 2013. Pero, según una investigación publicada en Gaceta UNAM, los daños ambientales y sociales de la fracturación hidráulica en México existen hace 50 años, cuando la estatal Petróleos Mexicanos (Pemex) comenzó a utilizar la técnica para extraer más hidrocarburos de sus yacimientos convencionales. En abril de 2026, la presidenta de México presentó a un comité científico que analizará el uso del fracking en el país de manera "sustentable".
Debido a sus impactos socioambientales, actualmente el fracking está prohibido o se ha frenado por moratorias en varios países. Entre ellos figuran Alemania, Bulgaria, Escocia, España, Francia, Gales, Inglaterra, Irlanda del Norte, Italia, Nueva Zelanda, República Checa, Suiza y Sudáfrica. También existen prohibiciones en algunos estados y ciudades de Estados Unidos y Canadá.
Aunque algunos países de Europa prohíben el fracking en su propio territorio, empresas europeas sí lo utilizan en países que no son los suyos.
En América Latina, la técnica está suspendida en Colombia y en Brasil, país en el que está prohibida a nivel local, en varios estados y municipios. En Argentina, existe una prohibición específica solo a nivel de la provincia de Entre Ríos y de algunos municipios.
Ante el agotamiento de las reservas tradicionales de gas y petróleo debido a su explotación acelerada, en algunos países de América Latina —región altamente dependiente de los combustibles fósiles— gobiernos y empresas han recurrido a la explotación de yacimientos no convencionales mediante la fracturación hidráulica o fracking, una técnica experimental y agresiva que puede generar daños socioambientales graves e irreversibles.
Siendo la producción de energía de fuentes fósiles la principal causa de la crisis climática mundial, ante la cual América Latina es una de las regiones más vulnerables, existe la necesidad de transitar a sistemas energéticos basados en fuentes renovables no convencionales, sostenibles en el tiempo, respetuosos del ambiente y de las personas.
En AIDA trabajamos para frenar la explotación de gas y petróleo mediante fracking en la región, así como para contar con normas más estrictas que garanticen la protección del ambiente y los derechos humanos frente a esa industria.
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Derribando los argumentos que impulsan el fracking
Además de profundizar la dependencia del petróleo y el gas, el fracking agrava la crisis climática por las emisiones de metano asociadas a la industria gasífera.
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