Este artículo fue elaborado por Climate Tracker América Latina con el apoyo de Transforma.
Brasil acudirá a las urnas el 4 de octubre para elegir diputados, gobernadores, senadores y al presidente de la República para los próximos cuatro años. Lula y Flávio Bolsonaro lideran la contienda. Aunque los candidatos mejor posicionados incluyen en sus propuestas de gobierno planes para ampliar las energías renovables, el tema no ha tenido protagonismo en las campañas “de calle”. Llama la atención un punto en común entre los candidatos: propuestas para ampliar la explotación de combustibles fósiles, incluso en un escenario de emergencia climática y de necesidad de descarbonización.
Por Marcela Maria Martins
Si el nuevo presidente de Brasil cumple sus promesas de campaña, el país puede esperar una expansión de la explotación petrolera, independientemente de quién sea elegido. Este es un punto en común en todas las propuestas de gobierno de los candidatos mejor posicionados en las encuestas de intención de voto.
En menos de dos semanas, los brasileños acudirán a las urnas para decidir quién gobernará el país durante los próximos cuatro años. Hay 12 candidatos. Lideran las intenciones de voto el actual presidente, Luiz Inácio Lula da Silva (PT), y el senador Flávio Bolsonaro (PL), hijo de Jair Bolsonaro (expresidente encarcelado por intento de golpe de Estado). El tercer candidato mejor posicionado es Augusto Cury (Avante), pero con una diferencia significativa (Cury tiene un 6%, frente al 39% de Lula y el 35% de Flávio).
Un análisis realizado por Climate Tracker América Latina a partir de las propuestas de gobierno y de la propaganda de los candidatos en televisión e Instagram revela diferencias significativas entre los mejor posicionados: mientras la propuesta de gobierno de Lula está más alineada con la descarbonización y el fomento de las energías renovables, la de Flávio ni siquiera menciona el cambio climático. Sin embargo, existe una brecha general entre las promesas y lo que efectivamente debe hacerse para que el país cumpla con sus compromisos climáticos.
La transición energética, borrada de las campañas
Aunque los brasileños consideran urgente la transición energética —una encuesta señala que el 76% afirma que esta es más importante que nunca, mientras que otra muestra que 9 de cada 10 brasileños ya han sentido los efectos del cambio climático—, el tema ha sido poco discutido hasta ahora en los canales de campaña. El debate público está centrado en casos de corrupción y en temas como la seguridad pública y la economía.
Durante la primera semana de la propaganda electoral gratuita en televisión, los dos candidatos mejor posicionados no mencionaron nada sobre transición energética o cambio climático. En Instagram, hasta el decimoquinto día de campaña, los temas también aparecen poco. Lula tiene tres publicaciones en las que anuncia sus gestiones ante la Cámara Federal para que se analice un proyecto sobre la regulación de las tierras raras. Flávio no tiene ninguna publicación sobre estos temas.
Es en las propuestas de gobierno donde aparecen más promesas. Aun así, el término “transición energética” ni siquiera es mencionado por cinco de los 12 candidatos. Cuatro de los candidatos hacen una sola mención al tema.
Un análisis de la ONG Clima de Política muestra que Lula tiene 23 propuestas relacionadas con “realizar el cambio de sistemas energéticos basados en combustibles fósiles hacia fuentes limpias y renovables”, mientras que Flávio Bolsonaro tiene seis. Augusto Cury lidera esta categoría, con 27 propuestas.
Ronaldo Caiado (PSD) es el candidato con el mayor porcentaje de propuestas relacionadas con el cambio climático, seguido por Lula.
En el análisis del Observatorio del Clima, que evaluó las propuestas de los seis candidatos mejor posicionados, se identificaron “16 compromisos positivos y detallados” en la agenda socioambiental de Lula, mientras que Flávio Bolsonaro presenta un compromiso positivo.
A pesar de la falta de protagonismo del tema durante la campaña “de calle”, Guilherme Tampieri, coordinador de Programas y Proyectos de la ONG Clima de Política, señala que se observa un aumento de las propuestas relacionadas con el cambio climático en las candidaturas en general, debido a que se trata de un tema transversal que afecta la vida de los electores en distintas áreas.
“Hicimos un análisis de algunas candidaturas a los gobiernos estatales de nueve estados. Lo que podemos adelantar a los electores es que todas las candidaturas [a los gobiernos estatales y a la presidencia] hablan del cambio climático, ya sean de izquierda, de centro o de derecha, incluidas las candidaturas que se encuentran en los extremos. Entonces, es notable que la preocupación por el cambio climático está presente en todo el espectro político. ¿Por qué? Porque los políticos responden a los deseos y las demandas de los electores, y el elector brasileño está preocupado por esto”.
Sin embargo, para Roberto Schaeffer, profesor titular jubilado de Economía de la Energía e investigador del CENERGIA/COPPE-UFRJ, a pesar de la preocupación de los brasileños, este no será el tema que más se tendrá en cuenta a la hora de votar.
“Desafortunadamente, si hablamos de la presidencia, este no será el tema que defina [el voto]. Más aún en este momento en que Brasil está tan polarizado. Salvo raras excepciones, las personas ya han elegido a sus candidatos. Para quienes están en medio y todavía no saben [por quién votar], no será la transición energética ni la cuestión ambiental lo que definirá [su voto]”, opina.
Tatiana Stec, especialista en políticas climáticas del Instituto Talanoa, señala que el aspecto negativo más destacado de los programas es el compromiso renovado con la explotación de combustibles fósiles. “Ninguno de ellos asume una meta para alejarse de los combustibles fósiles. No existe una meta de transición, de dejar de explotar petróleo y gas. Todo lo contrario”, señala.
La posición de los candidatos presidenciales sobre el tema entra en contradicción con el compromiso de limitar el calentamiento global a 1,5 °C, asumido por 194 partes, incluido Brasil, en el Acuerdo de París. En la 28.ª Conferencia de las Partes de la ONU (COP28), conocida como la Conferencia del Clima, los países se comprometieron a realizar una “transición para alejarse de los combustibles fósiles”.
Pero, de acuerdo con el análisis de la plataforma Así va la energía –un esfuerzo conjunto de seis centros de pensamiento de América Latina (Transforma, IDEA, Chile Sustentable, E+, FARN y Centro de Desarrollo Sostenible del INCAE) –, Brasil está lejos de cumplir con su tarea. El país avanzó apenas 26 puntos en una escala de 100 que mide la “salida de los combustibles fósiles”, de acuerdo con la metodología, que evalúa la balanza comercial y el balance energético fósil de cada país. Entre 2010 y 2024, la producción de combustibles fósiles aumentó y las exportaciones casi se duplicaron, mientras que el consumo se mantuvo relativamente estable y las importaciones disminuyeron.
Tanto Lula como Flávio hablan de una expansión de la producción de combustibles fósiles.
La propuesta de Lula señala: “Entendemos que Petrobras continuará ampliando las inversiones en exploración onshore y offshore” y que «el papel del gas natural [gas fósil] y del biometano, como fuentes complementarias a las energías renovables, continuará siendo incentivado”. El texto continúa: “Defendemos además que Petrobras continúe también orientándose hacia la transición energética, en línea con el Acuerdo de París y la NDC brasileña, con inversiones en fuentes bajas en carbono y una reducción efectiva de las emisiones operacionales”, pero no menciona ningún detalle sobre esa transición.
Por su parte, Flávio Bolsonaro afirma que “el Programa Nacional de Seguridad Energética deberá centrarse en el refinado, procesamiento, transporte y distribución de combustibles y gas”, que va a “estimular la modernización del refinado para aprovechar el petróleo nacional” y “transformar nuestra riqueza de petróleo y gas en energía y empleo”.
El punto que más llama la atención en la propuesta de Flávio Bolsonaro es la afirmación de que va a “permitir la explotación de gas no convencional (fracking)”, una técnica de extracción con importantes impactos ambientales, prohibida en varios países. El procedimiento se basa en la inyección de un líquido, compuesto por agua y otros productos químicos, a alta presión en las rocas para extraer petróleo y gas natural. En Brasil no existe una ley federal sobre el tema y actualmente hay una disputa judicial en curso.
“El fracking en Brasil no tiene sentido, porque no existe una demanda específica de gas”, señala Schaeffer. “Más o menos la demanda que ya tenemos, un poco de la industria y un poco del sector eléctrico, ya está cubierta por el propio gas asociado al petróleo brasileño”, observa.
“Es muy delicado que, en un país que se dice preocupado por la cuestión ambiental, se plantee esta bandera, porque el gran problema del fracking es precisamente la cuestión ambiental. Contaminación de aguas subterráneas, riesgos de pequeños sismos [...]. Me sorprende que Flávio Bolsonaro haya incluido esto en su agenda, porque esto no le va a conseguir votos y, además, puede quitárselos”, evalúa.
El investigador no ve, en principio, una contradicción entre la expansión de la producción petrolera y el cumplimiento de las metas climáticas. “Lo que vemos en estos escenarios de cumplimiento de la NDC [Contribución Determinada a Nivel Nacional, el compromiso de reducción de emisiones asumido por cada país] es que Brasil consuma cada vez menos petróleo internamente y que, cada vez más, se convierta en un exportador de petróleo. Porque, en el horizonte del que estamos hablando, hasta 2050, existe una demanda remanente de petróleo que no va a desaparecer”, argumenta.
Schaeffer critica, sin embargo, que los candidatos no contemplen proteger la desembocadura del río Amazonas frente a la explotación. “Lo que considero un poco contradictorio en el gobierno de Lula es el caso del margen ecuatorial: no es tanto el problema del petróleo en sí, sino el problema ambiental de producir petróleo allí”, afirma. Añade que los campos maduros brasileños todavía tienen una gran capacidad de producción y que no sería necesario, ni siquiera desde el punto de vista económico, ampliar la frontera de explotación hacia la Amazonía. Varios estudios refuerzan el riesgo ambiental de una operación petrolera en la región.
https://ihu.unisinos.br/668775-estudos-reforcam-riscos-da-exploracao-de-petroleo-na-foz-do-amazonas
También en la COP28, Brasil formó parte del grupo de 118 países que se comprometieron a triplicar la generación de energía renovable en el mundo para 2030. De acuerdo con Así va la energía, para contribuir a esta meta, Brasil ni siquiera necesitaría seguir literalmente la definición de triplicar la capacidad instalada de renovables, ya que con ello superaría la proyección de la demanda para 2030.
Pero el país necesita avanzar en capacidad instalada y, aunque ha ampliado su capacidad de renovables —que pasó de 145 GW a alrededor de 170 GW en cuatro años—, un análisis de la plataforma muestra que la tasa de crecimiento está por debajo de lo que debería ser, si se consideran las metas establecidas. La distancia entre lo que Brasil ha crecido y lo que debería crecer aumentó casi seis veces en los últimos cinco años. Los datos provienen de la modelización de escenarios energéticos, elaborada a partir de datos oficiales de cada país y considerando la contribución a la meta global de triplicar la capacidad de renovables.
En su propuesta de gobierno, Lula habla de promover un aumento de la participación de las renovables en la matriz energética brasileña y promete la electrificación del transporte público. Señala que se buscará universalizar el acceso a la electricidad en las zonas rurales, priorizando fuentes renovables, como la solar y la eólica. El texto también señala que la transición energética permitirá avanzar en el programa de reindustrialización del país, agregando valor a las cadenas productivas.
La propuesta defiende la electrificación del transporte público y afirma que se priorizarán inversiones que impulsen la descarbonización.
Lula promete ampliar las inversiones en almacenamiento y flexibilidad del sistema eléctrico. Afirma que dará “continuidad a las subastas de transmisión” y que va a “abrir una nueva frontera de inversiones en baterías para mejorar la oferta de energía y la robustez del sistema”.
Por su parte, Flávio Bolsonaro afirma que va a “regular las diversas fuentes buscando el menor precio para el consumidor final”. Señala que pretende “expandir y modernizar la red de transmisión, integrando nuevas fuentes renovables”. También afirma que la “meta para 2030 es posicionar a Brasil entre los principales destinos mundiales de inversión en transición energética, teniendo a los biocombustibles, la energía solar, la eólica y el hidrógeno verde como palancas y a la diplomacia”.
En el análisis de Stec, existe un patrón de hablar de la expansión de las renovables sin considerar la sustitución gradual de los combustibles fósiles en la matriz energética. “Existe una dificultad para entender que la transición no consiste solo en diversificar la matriz. Se trata de construir una cosa para desmantelar la otra. Entonces, percibimos que, en todos los planes, existe esta contradicción”.
Los especialistas coinciden en afirmar que los electores interesados en el cambio climático y la transición energética también deben concentrarse en elegir diputados, senadores y gobernadores estatales alineados con estos temas.
“Hay claramente algunos candidatos a diputados federales y senadores que tienen una agenda, un plan de gobierno, muy centrado en ciertos temas. Entonces, el nicho está más ahí”, afirma Schaeffer.
La plataforma Vote pelo Clima, de la ONG Clima de Política, reúne candidaturas comprometidas con hasta cinco de las 20 banderas socioambientales establecidas. Actualmente hay 159 candidaturas identificadas que cumplen con los criterios y se comprometen con acciones climáticas o ambientales en caso de resultar elegidas. “Debemos estar llegando a unos 40.000 accesos [a la plataforma] en estas elecciones. En las elecciones de 2024 la cantidad de accesos fue considerable: fueron 400.000 accesos”, cuenta Tampieri.
Analizar el historial de los candidatos y su posición en votaciones clave para la cuestión socioambiental también es importante antes de preparar la papeleta que se llevará a las urnas. “El primer paso es votar por personas que se hayan comprometido. Después de las elecciones viene el segundo paso, que es el más difícil: exigir que estos compromisos asumidos durante el período electoral se conviertan en políticas públicas”, señala Tampieri.
Este artículo fue elaborado por Climate Tracker América Latina con el apoyo de Transforma.
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