Más de 87 mil han visitado la exposición Máscaras mexicanas. Simbolismos velados







Madera tallada, cuernos, bambú, cortezas de árbol, fibras vegetales y naturales, carrizo, barro, cerámica modelada y estucada, huesos, cera y chaquira, son algunos de los materiales con que están creadas las 450 máscaras que integran la muestra Máscaras mexicanas. Simbolismos velados.

La Galería de Palacio Nacional es la sede de esta muestra que, a lo largo de nueve módulos, exhibe máscaras prehispánicas, zoomorfas, antropomorfas, funerarias, de rostros fantásticos, de tradición virreinal y de danza.

En la exposición, que comprende tres mil años de historia, se pueden apreciar lo mismo piezas del año 1000 aC que actuales, creadas en diversas zonas de México como en Nueva Guinea, Venezuela, Canadá, Zaire, Nigeria, Angola, Costa de Marfil, Congo, China, Indonesia y el estado de Alaska.

El primer módulo que el público podrá visitar es La máscara, pensamiento universal, que aborda la forma en que el hombre creó la máscara como un objeto ritual de transformación que utilizaba para rendir tributo a las fuerzas de la naturaleza.

Se encuentran piezas que se utilizan para acompañar los ritos agrícolas, de iniciación, festivos y ceremonias fúnebres, que en su mayoría incluían procesiones y danzas, cuya práctica ha perdurado hasta nuestros días en amplias regiones del mundo.

Destaca la pieza Máscara-espíritu Kavat, proveniente de Papúa, Nueva Guinea, que es utilizada para dar vida a los espíritus del bosque durante la danza nocturna masculina, complemento de la danza diurna femenina de la fertilidad. 

Además de algunas Máscaras de cuervo (espíritu) de Vancouver, Canadá, las cuales evocan al héroe mítico que enseñó al hombre a pescar y construir sus casas. Se utilizaban en el Potlach, ritual en el que los danzantes son espíritus y ancestros que otorgan a los kwakiutl facultades especiales para ejecutar diversas tareas.

También se encuentra la Máscara propiciatoria baulé, de Costa de Marfil, utilizada por los baulé durante las ceremonias fúnebres y los rituales de fertilidad agrícola y de fecundidad, ya que para ellos la máscara es el elemento mediante el cual los espíritus y ancestros adquieren forma en el mundo material.

El segundo módulo Ritos propiciatorios y ritos de paso, exhibe máscaras ceremoniales que son utilizadas para propiciar la fecundidad; promover el paso del hombre a una nueva etapa; para celebrar acontecimientos míticos y para captar la fuerza vital del difunto y acompañarlo en su recorrido por los reinos sobrenaturales.

Destacan las Máscaras espíritu ceremonial de Alaska, máscaras eskimo que representan, entre otras cosas, la dualidad del alma humana. Las utilizan los chamanes, durante los rituales en los que fungen como intermediarios entre la comunidad y el mundo espiritual, para pedir abundancia en un mundo donde las condiciones de vida son muy difíciles.

En el tercer módulo La máscara, el rostro de la deidad se presentan máscaras rituales utilizadas en las antiguas civilizaciones para venerar a las deidades en sus fiestas ceremoniales y crear puentes de comunicación entre los reinos sobrenaturales y el mundo terrenal.

En esta sección destaca la Máscara funeraria de Malinaltepec, única en su género por ser rostro ceremonial de piedra del Clásico teotihuacano, cubierto por un mosaico del Posclásico, cuya imagen probablemente representa a Chalchiuhtlicue, diosa de las aguas y la fertilidad, así como del nacimiento-muerte-renacimiento.

Además del Mascarón de Dios Jaguar del Inframundo, venerado por los mayas por su visión nocturna y su fuerza y a quien consideraban la manifestación zoomorfa del sol nocturno que cada noche efectuaba su trayecto por el mundo subterráneo.

En el cuarto módulo La máscara, esencia sagrada y humana se aborda cómo la personificación de las deidades fue una práctica común entre las civilizaciones y tuvo continuidad a lo largo del período mesoamericano y trascendió a la Conquista.

Destaca la pieza Personaje con máscara de Ehécatl. Para las antiguas civilizaciones Ehécatl era el aspecto de Quetzalcóatl, la “Serpiente Emplumada”, capaz de mover el viento a través de su máscara bucal de pico de ave para limpiar los caminos y permitir la llegada de la lluvia, además es considerado el creador del hombre de la era actual.

En La máscara, el rito y la fiesta se muestran máscaras con una original combinación de símbolos de la tradición ceremonial y festiva que se mezclan con las máscaras creadas para la práctica de ritos y danzas de tradición virreinal en donde las máscaras son el elemento central de la celebración.

Aquí se encuentran Máscaras de tigre, cochino y caimán utilizadas en danzas propiciatorias de profundas raíces prehispánicas como la de los Paixtles para la fertilidad y abundancia, que sobrevivieron al Virreinato y aún hoy se siguen practicando. En ella, los danzantes llevan máscaras de animales y pesadas vestimentas de heno para simbolizar su relación con la naturaleza.

También destacan Máscaras de Pascola, utilizadas en la danza de Pascola, celebrada en ceremonias familiares, civiles, religiosas y fúnebres. En ella los danzantes usan pequeñas máscaras de chivo o de anciano. Éste último hace el papel del ancestro que comunica a los pobladores con sus dioses, por medio de la danza y el humor.

En el sexto módulo Máscaras de tradición virreinal se exhiben piezas elaboradas por las comunidades indígenas para venerar a los santos patronos junto con las deidades prehispánicas. Estas piezas fueron promovidas por los frailes, quienes metieron a las comunidades indígenas en las fiestas del año litúrgico e introdujeron en su vida dramas morales basados en la historia sagrada y eventos históricos, cuya tema central es la lucha entre el bien y el mal.

Sobresale la Máscara e indumentaria de charro o paragüero, utilizada por los charros o paragüeros del Carnaval de Tlaxcala, quienes recrean a los catrines y hacendados del siglo XIX, los cuales danzan con finas máscaras de ojos de vidrio, sombrero de numerosas plumas de avestruz a manera de sombrilla, capa y un chicote en alusión a la serpiente como símbolo de la lluvia y el trueno.

Además de la Máscara de catrín, utilizada en la danza de Los Catrines, una sátira sobre los franceses del tiempo de la intervención armada de 1862, pero cuyo propósito de fondo es la petición de lluvia y fertilidad para las cosechas.

En Mascareros y máscaras, se exhibe el universo del mascarero y las piezas que elabora, las cuales dan vida a personajes cuyo propósito es refrendar la victoria del bien sobre el mal y mantener así el equilibrio natural y social.

Destaca la obra El gigantón, serpiente emplumada, utilizada en la danza del Calalá, en donde numerosos tigres actúan como agresores contra un venado, un joven, los llamados “chamulas” de rostro pintado de blanco, y una serpiente emplumada relacionada con Quetzalcóatl. Se trata de una gran máscara de espalda adornada con espejos y un alto penacho de plumas.

Asimismo la Máscara e indumentaria de comanche, utilizada el día de Todos Santos y en Carnaval por los tepehua quienes celebran varias danzas, incluida la de los Comanches, que representa a indios chichimecas capaces de hacer daño, así como a los muertos en desgracia o muertos nefastos a quienes hay que agradar para que no perjudiquen a los vivos el resto del año.

En el octavo módulo Los viejos y la danza, se muestra la diversidad de los estilos de las máscaras de viejo, el cual varía de acuerdo al artesano y estado en el que se elabore.

En esta sección, destaca la Máscara antropomorfa con chaquira de San Andrés Mexquitic, Jalisco, la única máscara de danza elaborada por los huicholes, una pieza de madera de bufón sagrado usada por un danzante durante la ceremonia de Primeros Frutos.

Finalmente, en El arte y la máscara, se expone cómo los artistas contemporáneos hacen uso de la máscara como tema central de su obra para recrear una evocación prehispánica, hacer una distorsión de la realidad o como medio para reflejar las emociones humanas. Todo esto con el objetivo de despertar en el público el interés en las costumbres ancestrales o convertir su obra en un espejo de la historia.

En este espacio se podrán ver pinturas, ilustraciones, grabados, dibujos, fotografías,collages, videos, grafitos, serigrafía y una instalación.

Se trata de obras realizadas por Yishai Jusidman, José Chávez Morado, Olga Acosta, Pedro Rivera, Rafael Coronel, Jesús Urbieta, Francisco Toledo, Lourdes Grobet, Óscar Cueto, Pedro Lasch, Carlos Amorales, Marco Rountree Cruz, Joel Rendón, Roberto Montenegro, Frida Kahlo, Marcos Kurtycz, Germán Cueto, entre otros.

En la exposición, también se cuenta con un espacio multimedia interactivo en donde se proyectan videos de danzas rituales cuyo elemento central son las máscaras.

María Lapisï; El juego de los diablos; El baile del viento y la lluvia Viko Lavi; Entre la oscuridad y la gloria. La cuaresma mayo en El Júpare, Sonora; Cazar para el Tzithú. El carnaval otomí en la huasteca veracruzana y Tigres en la montaña. Una petición de lluvias en la Montaña de Guerrero, son los videos que el público podrá conocer con este espacio.

Máscaras mexicanas. Simbolismos velados, constituida con piezas procedentes de 40 museos y colecciones de todo el país, puede visitarse hasta abril en la Galería de Palacio Nacional. De martes a viernes, de 10:00 a 17:00 horas, sábados y domingos de 9:00 a 17:00 horas. Entrada libre.

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