Hoy, México los celebra con la gratitud inmensa de quienes aprendieron a leer, a pensar y a soñar gracias a ustedes.
Ser maestro o maestra en este país no es tarea sencilla. Es llegar temprano cuando el mundo aún duerme, es preparar con amor lo que otros aprenderán, es escuchar al niño que no entiende y buscar mil maneras distintas de explicarle hasta que la luz del entendimiento aparezca en sus ojos. Es cargar con las alegrías y las penas del salón, y aun así sonreír. Por eso, hoy más que nunca queremos decirles que su esfuerzo no pasa desapercibido, que cada uno de sus alumnos lleva grabado en el alma algo que ustedes pusieron ahí con dedicación y ternura.
Gracias, maestras y maestros, por ser los arquitectos silenciosos de un México mejor. Gracias por creer en nosotros cuando nosotros mismos no lo hacíamos, por corregirnos con firmeza y aplaudirnos con orgullo, por enseñarnos no sólo a sumar números sino a sumar valores.
Su legado no vive en libros ni en diplomas, vive en cada persona que alguna vez se sentó frente a ustedes y salió de ese salón siendo un poco mejor. ¡Feliz Día del Maestro y la Maestra!
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