MÚSICAS, INVESTIGADORAS, SONIDERAS Y CREADORAS REFLEXIONARON SOBRE EL PAPEL DE LAS MUJERES EN LA CULTURA DE LA CUMBIA


La Fonoteca Nacional, institución de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, presentó el libro Yo soy la cumbia, coordinado por Enrique Blanc y Humphrey Inzillo, y publicado por la Universidad de Guadalajara, en un encuentro que reunió a músicas, investigadoras, sonideras y promotoras culturales para dialogar sobre las transformaciones de la cumbia desde las experiencias y perspectivas de las mujeres.

En la velada, que se realizó en la sala Murray Schafer la noche del 8 de mayo de 2026, se habló de la obra, que propone un recorrido por las múltiples formas en que dicho género musical echó raíces en distintos territorios del continente, al tiempo que visibiliza el papel fundamental de las mujeres en su transformación contemporánea. 

Lo anterior, a través de las distintas formas en que las mujeres construyen espacios dentro de una escena históricamente marcada por dinámicas masculinas, así como las resistencias, afectos y procesos colectivos que atraviesan a la cultura sonidera y cumbianchera en América Latina.

Con el conversatorio, la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, por medio de la Fonoteca Nacional, invita a reconocer a la escucha como una herramienta para acercarse a múltiples historias de México y Latinoamérica, a la par que difunde publicaciones que amplían el análisis y comprensión del patrimonio sonoro. 

La moderación del diálogo, estuvo a cargo de Mayerly Beltrán, quien destacó que la cumbia es hoy un espacio de resignificación y encuentro para las mujeres dentro y fuera de los escenarios: “Las mujeres siempre hemos estado presentes en este rito llamado cumbia. Sin embargo, durante mucho tiempo no fuimos nombradas, reconocidas ni aceptadas”.

Via remota, desde Santiago de Chile, la periodista, musicóloga y académica Nayive Ananías habló sobre el capítulo “Resistir a la hipersexualización: el renacer de la cumbia femenina en Chile”, y explicó cómo distintas artistas chilenas transforman los códigos visuales y corporales impuestos a las mujeres dentro del género: “Sí me voy a vestir provocativamente, me voy a maquillar, me voy a hacer las uñas, voy a tener un peinado sobresaliente, pero lo voy a hacer por mí misma. Es un acto político, una performatividad”

También reflexionó sobre las letras y representaciones tradicionales de la cumbia chilena y cómo nuevas generaciones de intérpretes las resignifican desde una postura crítica y consciente.

Por su parte, Mon Soundtrack, integrante de las colectivas Morras y Vinilos y Villa y Señora, habló sobre las exigencias no escritas que enfrentan las mujeres dentro de los espacios musicales y sonideros. Al revisar el valor de documentar tales experiencias en publicaciones como Yo soy la cumbia, afirmó: “Es importante tenerlo por escrito, porque esto puede dejar fuera otras corporalidades y otras maneras de expresarnos mientras performamos”.

A su vez, la integrante de Musas Sonideras y la Dinastía Duende, Marisol Mendoza, compartió cómo la colectiva construye una identidad propia lejos de los estereotipos asociados a la apariencia física de las mujeres en el escenario: “Lo más importante es qué set musical vas a poner, qué les vas a decir y cómo vamos a hacer que la gente baile y se sienta feliz”.

Durante la conversación también se abordó la dimensión política y comunitaria de la música. La acordeonista y rapera La Negra Mexa habló sobre la importancia de ocupar los escenarios desde experiencias propias y diversas: “El asunto ya de colocarse en el escenario ya es una rebeldía… Combatimos lo que nos han impuesto, que nuestro cuerpo termine siendo una mercancía a ser colonizada”.

Las participantes coincidieron en la necesidad de construir redes de acompañamiento entre mujeres dentro de la música y la gestión cultural. Mayerly Beltrán destacó: “La música no es sola, se hace entre todos y se hace en comunidad”.

En representación de la Editorial de la Universidad de Guadalajara, Carmina Nahuatlato, explicó que Yo soy la cumbia forma parte de una serie de publicaciones dedicadas a reflexionar sobre la música popular latinoamericana como patrimonio cultural compartido: “El libro es apenas el inicio de muchos diálogos posibles alrededor de la cumbia”.

A lo largo del encuentro, las participantes compartieron experiencias personales relacionadas con la creación musical, la producción independiente, la gestión cultural y las dificultades que enfrentan las mujeres dentro de la industria musical, desde la hipersexualización hasta la falta de reconocimiento profesional.

La presentación concluyó como un espacio de escucha colectiva en el que la cumbia se expuso más allá de un género musical, sino como una forma de memoria, identidad, resistencia y comunidad que continúa su transformación desde distintas voces femeninas en América Latina.

El libro Yo soy la cumbia enlaza memorias, escenas y experiencias de países como Colombia, Nicaragua, Argentina, Estados Unidos, Paraguay, Chile, México, Perú y Brasil. Lo conforman textos de periodistas, creadores y especialistas que encuentran en la cumbia una expresión viva que se transmite entre generaciones y que continúa expandiendo sus formas a partir del diálogo con otras sonoridades como el rock, el hip hop, el jazz, el punk y la psicodelia. 


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